"Jornadas Centro Oro"
Repensando nuestra práctica - Noviembre de 2009
Una experiencia de trabajo comunitario con adolescentes de Villa Lugano
Lic. Pablo Habif
INTRODUCCIÓN
El objetivo de esta presentación es compartir una experiencia de trabajo como psicólogo con jóvenes de Villa Lugano, dentro del programa de vacaciones del Gobierno de la Ciudad de Bs. As. durante el verano del 2009.
El Programa “ Vacaciones en la Escuela” depende del Ministerio de Educación de la Ciudad de Buenos Aires y funciona desde hace algunos años. Abarca un período de 5 semanas durante los meses de enero y febrero y transcurre en escuelas y clubes contratados por el gobierno de la ciudad. Participan alrededor de 100 chicos por cada sede en aproximadamente 20 barrios, muchos de ellos de la zona Sur de la ciudad donde existen villas de emergencia, como Soldati, Barracas, Mataderos, Bajo Flores, Lugano entre otros. El verano pasado se incluyó por primera vez en el programa a jóvenes judicializados que se encontraban recluídos en el Instituto San Martín.
En nuestra sede trabajamos con una población de 80 adolescentes entre 13 y 18 años. La mayoría vivía en la zona de Villa Lugano, muchos de ellos dentro de la villa de emergencia que se conoce como la “ Villa 20” dentro del mismo barrio.
Una parte de los chicos que concurrían a la colonia había abandonado sus estudios, otros seguían estudiando pese a haber repetido algún año y otro porcentaje, en general los más chicos, estaban cursando el nivel que correspondía a su edad según el currículo escolar.
El cronograma diario comenzaba con el almuerzo dentro de la escuela, actividades recreativas y deportivas durante la tarde en un campo de deportes y el regreso a la escuela a la hora de la merienda, donde se entregaban viandas.
Los chicos fueron organizados en 4 grupos según sus edades: 13 y 14 años; 15 ; 16; y 17- 18 años. Cada grupo estaba a cargo de un profesor de educación física y un auxiliar, que no trabajaban en esa escuela durante el año. Los integrantes del equipo completo se conocieron tres días antes de que comenzara la colonia.
El coordinador de nuestra sede era un profesor de educación física.
Fui designado como psicólogo de la sede a través de una convocatoria de la coordinación del programa.
EL TRABAJO CON LOS ADOLESCENTES
La adolescencia es una etapa de cambios y de crisis, desde el punto de vista de la identidad se resignifican experiencias de la niñez y se buscan nuevos modelos identificatorios. Finalizada la fase de latencia se producen cambios en el cuerpo y un resurgimiento de la actividad pulsional. Es un recorrido que incluye tanto regresiones al pasado como proyecciones a un tiempo futuro.
La construcción de una nueva posición subjetiva, diferente a la del niño, lleva a los adolescentes a confrontar con las figuras paternas y aquellos adultos que representan a la autoridad en los diversos ámbitos de socialización. Se cuestionan las normas y es esperable que ocurran transgresiones.
Durante esta etapa los jóvenes experimentan vivencias de incertidumbre y los grupos de pares son altamente valorados como espacios de contención y seguridad. Si dentro de estos grupos predomina la flexibilidad, coexistiendo el deseo de unidad junto al reconocimiento de las diferencias, se abren condiciones para la elaboración de las conflictivas individuales y el desarrollo de una subjetividad singular en cada uno de sus miembros. En el caso contrario, surgen conductas estereotipadas, expresadas en la ilusión de “unidad absoluta” dentro del grupo que derivan en la agresión y exclusión del diferente.
A través de la escuela secundaria como institución de carácter obligatorio en nuestro país, la sociedad argentina reconoce la existencia de la adolescencia como fase de transición a la vida adulta y ofrece a los jóvenes un ámbito de pertenencia.
En la sede de Villa Lugano trabajamos con adolescentes que vivían en situaciones de pobreza o marginalidad social. Si bien algunos chicos o sus familias estaban más afectados que otros, problemáticas como el hambre, las adicciones, la delincuencia y el acoso policial a los jóvenes afectaban en su conjunto a la comunidad de la que formaban parte.
Por las características mencionadas los adolescentes son un grupo etario especialmente vulnerable y simultáneamente muchas veces son elegidos como depositarios de gran parte de los males de la sociedad, sea en el lugar de víctimas o victimarios.
Al insertarnos en una comunidad para trabajar con los jóvenes y sus familias, los docentes y profesionales de la salud mental también somos afectados por estas situaciones. Es una característica inevitable que surge al trabajar en contextos de crisis.
La violencia en los vínculos, entre los propios adolescentes y de los adolescentes frente a los adultos,formaba parte de nuestro trabajo cotidiano y fue uno de los emergentes que abordamos en nuestras intervenciones.
Aquello más temido por los jóvenes con los que trabajábamos, la exclusión y el desamparo, habitualmente se proyectaba en aquel integrante del grupo que se apartaba de la norma o en otro grupo al que se visualizaba como rival. El lugar del chivo expiatorio recaía muchas veces sobre aquellos chicos más tímidos o sobre los hijos de inmigrantes bolivianos o peruanos que vivían en la villa. Utilizando el refrán de “el roto que se ríe del descocido” podemos decir que estos jóvenes buscaban un descocido de quien burlarse para sostener la ilusión de ser parte de una sociedad que sentían que los marginaba.
La agresión entre grupos de pares se expresaba en enfrentamientos entre los grupos de diferentes edades, por ejemplo “ los más grandes contra los más chicos” o a través de rivalidades con otros barrios, por ejemplo Lugano contra Soldati o Mataderos.
EL PSICÓLOGO EN LA COLONIA DE VACACIONES: UN LUGAR A CONSTRUIR
Por ser mi primer experiencia dentro del programa “Vacaciones en la Escuela” fui buscando un lugar específico para mi tarea en el transcurso de los días.
Tomo las palabras de Diana Aisenson quien en su artículo “ Abordajes de la Orientación Vocacional desde la Promoción de la Salud, dice: “ En nuestro trabajo en las instituciones, los psicólogos intervenimos con los grupos naturales, enfocando las condiciones de vida, los patrones de comportamiento, buscando la creación de espacios adecuados a las necesidades de cada etapa del ciclo vital, así como también atendiendo a las problemáticas del crecimiento, conflictos y situaciones de crisis. Nuestra participación promueve cambios, y el manejo de las contradicciones forma parte de nuestra tarea diaria. Trabajamos como psicólogos con las resistencias”.
Las expectativas de los coordinadores del programa sobre mi tarea estaban centradas en orientar a los docentes en su relación con los grupos de jóvenes y en poder intervenir frente a situaciones conflictivas.
Compartíamos la idea de que el primer paso para intervenir era ser aceptado por los chicos, ganarme su confianza. La manera de acercarme a ellos fue conversar y especialmente jugar con ellos: al ping- pong, fútbol, vóley, ajedrez o integrándome en espacios comunes como los almuerzos.
Los docentes muchas veces se sentían desbordados por la situación de sus grupos. Intenté ayudarlos participando de los grupos, a veces como observador y en otros momentos articulando intervenciones conjuntas frente a temas que iban surgiendo.
Para llevar adelante esta tarea fue necesario enfrentarme con mis propios temores y prejuicios. Contratransferencialmente, me resultaba difícil acercarme a aquellos chicos más “transgresores”, que tomaban a la delincuencia como un valor.
Muchas veces era convocado para “mediar” en situaciones de conflicto entre los docentes y los jóvenes o entre los mismos jóvenes. En otras situaciones tuve que poner límites por mi cuenta frente a conflictos que no podían llegar a expresarse en palabras y derivaban en situaciones de violencia física.
Paulatinamente fui llegando a la conclusión de que el mejor lugar para trabajar era mantenerme en un espacio intermedio, transicional. Por momentos era uno más entre ellos en los juegos y cargadas. En otros momentos me deslizaba hacia el lado de la autoridad.
Trataba de ser una especie de “hermano mayor”, que pudiera jugar y también poner límites, y frente a los conflictos con los profesores intervenir escuchando y aconsejando.
Una ventaja de trabajar con grupos naturales de jóvenes es aprovechar las condiciones que brinda la situación grupal para que aquellos jóvenes con mayores recursos “ los más saludables” puedan ayudar a sus pares a integrarse en una actividad lúdica o reflexiva, invitándolos a intercambiar y compartir , sacándolos de la descarga violenta ( agresión a sí mismos o a terceros ) o la retracción narcisista de las adicciones.
LA PROPUESTA DE TRABAJO Y EL PAPEL DEL EQUIPO DE SEDE
Desde el comienzo la actividad se planteó como un trabajo en equipo: coordinador, docentes, auxiliares, psicólogo. El trabajo con comunidades, por la magnitud de la tarea y el esfuerzo personal que requiere, exige ser abordado de manera colectiva.
Encaramos una actividad con un comienzo y un cierre pautados de antemano. Sabíamos que trabajábamos con chicos con muchas carencias y que no les íbamos a poder solucionar la vida. Nuestro objetivo era que pudieran vivir experiencias saludables, fundamentalmente recreativas, junto a otros jóvenes y un grupo de adultos que estaban trabajando para ellos. Apostamos a que estas experiencias dejaran marcas que los acompañaran en sus vidas más allá de la colonia.
A nivel interno, el equipo funcionó como sostén y espacio de elaboración frente a las dificultades que iban surgiendo. Como en todo grupo no faltaron los conflictos pero pudieron ser superados y fuimos una de las sedes que no tuvo deserciones dentro del plantel docente. Nos planteábamos que éramos un equipo que le había tocado realizar una tarea difícil y que la clave en todo momento era mantenernos unidos. Utilizábamos la metáfora de que estábamos todos en un mismo barco y que cada vez faltaba menos para alcanzar la costa, que teníamos que remar todos juntos.
Teníamos reuniones todos los días al finalizar la jornada y la mañana del último día de la semana para hacer un balance. El humor era un recurso muy utilizado dentro del grupo que ayudaba a descargar ansiedades.
Cada dos semanas funcionó un espacio de reunión entre los psicólogos de todas las sedes que sirvió para reflexionar sobre los problemas comunes.
Dentro de nuestro equipo charlamos muchas veces sobre el duelo que iba a significar para los chicos terminar una relación que recién había comenzado.
El duelo también lo tuvimos que hacer nosotros, que nos habíamos encariñado con ellos. En síntesis, fue una experiencia dura y al mismo tiempo muy gratificante. |