Centro Oro
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Textos

"Jornadas Centro Oro"
Repensando nuestra práctica - Noviembre de 2009

Una pregunta acerca de Shakespeare y el Psicoanálisis en tiempos de “intemperie” de la pulsión
Lic. Susana Salce

Lo de “intemperie “de la pulsión, -una pulsión que no se articula- se me ocurrió a partir de escuchar a Mirta Intelisano, en la charla que dio en Oro. En esa charla decía que en “La muerte de Matías Pascal” Luigi Pirandello dice que la diferencia  entre la tragedia antigua y la moderna,  es un” agujero en el cielo de papel de la escenografía.”

Pensé en trabajar acerca de la actualidad de Shakespeare  a partir de la lectura de un trabajo de Germán García en el que bajo el subtítulo de “Lo nuevo realiza un deseo antiguo” dice  que en nuestro tiempo todavía “El Quijote” es modelo en su género y “Hamlet” sigue representando la subjetividad moderna (1).

El estrecho vínculo entre Shakespeare y Freud se remonta al temprano período de 1897donde  en su correspondencia con Fliess, ubicaba el  Edipo entre Sófocles y Hamlet.

En “El sueño de muerte de personas queridas” dice: “Edipo Rey nos conmueve porque su destino podría ser el nuestro. A todos nos estuvo deparado dirigir la primera moción sexual hacia la madre y el odio o deseo violento hacia el padre”. “En el mismo suelo que Edipo Rey  -dice Freud- hunde sus raíces el Hamlet de Shakespeare” y en el modo diverso de tratar idéntico material se manifiesta la diferencia de la vida anímica en esos dos períodos de la cultura. Freud lee en esa diferencia un progreso de la represión en la vida espiritual de la humanidad-  En “Edipo” como en el sueño, la fantasía de deseo infantil es realizada, mientras que en Hamlet permanece reprimida y sólo averiguamos su existencia por la inhibición en la que el protagonista se encuentra para producir su acto.-  Hamlet puede todo menos vengarse del hombre que eliminó a su padre-

En el drama griego el héroe luchaba contra los dioses,  a medida que los seres humanos fueron descreyendo en ellos ganaba importancia el orden humano. Esta vez en “Personajes psicopáticos en el escenario”  dice  Freud que ahora la lucha del héroe es  contra la comunidad humana social. De luchar contra los dioses se pasó a la tragedia burguesa de la sociedad civil.  Y ubica entonces a Hamlet como un  drama psicológico, el primero de estos dramas modernos. Para Lacan en cambio “fingirse loco es una de las políticas del héroe moderno” y considera a la obra de Shakespeare como un acontecimiento histórico, un viraje en la subjetividad occidental.

Este drama “moderno” escrito alrededor del  1600, sigue siendo actual?

Si bien puede pensarse que cada auditorio lee el Hamlet de su época. Lo enigmático es qué hay en la estructura de esta obra y la subjetividad de su auditorio que lo hace posible.  Lacan coincide con Freud en que la actualidad de la obra tiene que ver con que el deseo encuentra allí su lugar y lo encuentra en tanto hay un  sitio vacío  donde situar nuestra ignorancia. Esta ignorancia situada es la presentificación de lo inconsciente. El problema que plantea la obra  para cada uno es el de la procastinación respecto del acto . ¿por qué Hamlet no actúa? ¿no puede o no quiere? Si no puede es porque él mismo cometió el crimen que  trata de vengar. No puede eliminar al hombre que le muestra la realización de sus deseos reprimidos.  Goethe dice que Hamlet representa el tipo de hombre cuya acción está debilitada por un exceso de pensamiento.  Hoy diríamos con Melman que como en el obsesivo su objeto primario de goce es el pensamiento que se dedica a repetir sin cesar  si Hamlet fuera un caso clínico, sería un neurótico obsesivo, pero no lo es. Lacan dice no es un obsesivo porque es una creación poética,  se nos aparece próximo al obsesivo por la procastinación, cuya función es mantenerlo a distancia del encuentro deseado.

Pienso en la actualidad de un libro inseparable de la lectura que hace el auditorio de cada época.

Hamlet siempre tiene un libro en la mano, y ¿cuál es el libro que lee nuestro Hamlet contemporáneo?  la cuestión para cada época es saber qué libro es ese. Para el dramaturgo polaco Jan Kott, cuando persigue al espectro por los terraplenes de Elsinor  ese libro era de Montaigne, el Hamlet polaco de principios del siglo XX leía a los poetas románticos y a Nietzsche, el de Brecht lee a Kafka y el de Lacan a Blanchot. Es fácil imaginarlo en  1960 en un mar  de dudas con su pullover negro de cuello alto y sus vaqueros azul marino leyendo a  Sartre o Camus.

Me pregunto  ¿qué Kafka  lee el Hamlet del siglo XX? Porque si “El proceso” anticipa la pesadilla burocrática de ese siglo,  en  “La metamorfosis” La transformación en insecto de Gregorio Samsa, -un humano que se animaliza-  que podría ser leída  como una alegoría o una especie de metáfora, no lo es.  Lo novedoso en esta escritura es que no sólo no hay alegoría sino  que de algún modo con Kafka  se rompe la brecha que separa  lo racional de   lo irracional.   La pesadilla forma parte de la vida cotidiana. Se describe un mundo donde el absurdo es normal. Así como Gregorio se acostumbra poco a poco a la idea de su animalidad, la actitud familiar es semejante. Aunque rápidamente surge la hostilidad del padre que en la primera escena inexorable lo convoca a retirarse con “silbidos salvajes”.

Freud dice que Edipo y Hamlet representan una diferencia en la vida anímica de su tiempo. ¿qué diferencia subjetiva estaría representando Kafka en la vida anímica del siglo XX? Porque si con “El proceso”, se anticipa la pesadilla burocrática del siglo,  en la metamorfosis sufrida por ese humano que se animaliza no hay metáforas,  “nunca -decía Camus respecto de Kafka- nos asombraremos lo suficiente de esta falta de asombro”.  El siglo XX pasó, el “agujero en el cielo de papel” se fue  haciendo cada vez más grande y a pesar de que las metáforas no alcanzaron para cubrirlo, los escritores siguieron escribiendo y los analistas seguimos trabajando.

Con sujetos que en algunos casos parecieran haber perdido el asombro, o no haberlo experimentado nunca. Encontré el odio a Shakespeare en una mujer  joven, profesora de letras que  decía con rabia que para qué lo iba a leer si total nadie lo leía. Tratándose de una profesora de Literatura, intentaba soslayar su contradicción diciendo que  si bien había seguido esa carrera que le había resultado muy difícil terminar,  a ella  le interesaba más la gramática que la ficción. Al comienzo de su tratamiento parecía odiar todo lo que tenía que ver con su elección, la carrera, sus ex compañeros de estudio,  había dejado de interesarse por la literatura y podría decirse que por la vida, sólo que no se había dado cuenta. No parecía estar deprimida.  Me sorprendía de ella, su precariedad discursiva, la pobreza de sus recorridos culturales y  sociales- prácticamente inexistentes-, se movía  en un círculo  familiar muy restringido y  había tenido una sola experiencia sexual con un  hombre con el que tuvo una relación muy transitoria, casi casual. Se trata de una mujer joven a la que si bien parecía que lo único que la interesaba en su vida era encontrar un novio, En sus escasos recorridos por los mismos lugares, siempre se encontraba según ella con “hombres casados”. Comenzara por donde comenzara su discurso chocaba permanentemente contra la misma pared, contra la monotonía de esa  frase que era como una letanía, “Todos están casados” o acudía al lastimoso modelo parental.-

Me preguntaba ¿cómo desrealizar esas letras, cómo ficcionalizarlas?  En esa recurrencia entre letra y obsesión que caracteriza al obsesivo, cómo trasliterar esa  fijeza,  cómo dar lugar al desplazamiento y la sustitución cuando lo que hay es esa rigidez?. Cómo crear condiciones semejantes a las del sueño que escribe figuras con elementos literales. Una línea que trabajé fue cuestionarle su modo de hablar y enigmatizar su desinterés por la literatura.

Hubo un sueño que pareció señalar un punto de inflexión. En ese sueño entraba a un boliche en el que había una cosa redonda que giraba como una calesita  Un pibe pelirrojo y una rama una ramita de chocolate, veía un pene como la boca cerrada de un perro. Con ramita, asoció una novela brasileña cuya protagonista es una chica virgen de 17 años y ella dice: es una novela “que yo me miro en la televisión”.  Podría decirse que esa es ella hasta que su cuerpo empieza a “acusar la edad”.- En la misma sesión del sueño cuenta que está asustada porque le tienen que inyectar YODO,  “esto me da miedo, que algo cambie en mi cuerpo hay un cuerpo de 36 años y acusa la edad”. Un  cuerpo que empieza a acusar la edad y un sujeto que ya no quiere rematar sus horas,  hablando de una sensación de pérdida por que debe dejar la escuela donde trabaja dice  -cuando titularizas al azar las horas se rematan- Porque la cura se da por añadidura no hizo falta el YODO porque se estabilizó la tiroides, mientras tanto tuvo un novio bibliotecario con el que están leyendo el Hamlet quién a su vez sigue leyendo otro libro sólo que ahora no sabemos qué libro es.

En estos días vi un Hamlet mediático que en lugar de libro llevaba una tarjeta de crédito en la mano, su duda existencial parece que era ¿compro o no compro? Podré pagar la deuda?

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