Centro Oro
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Directoras de Científica: Lic. Norma Fernández - Lic. Analía Helman
Textos

"Jornadas Centro Oro"
Repensando nuestra práctica - Noviembre de 2009

Simplemente, solidarios, leves puentes... (1)
Lic. María Elisa Schmidt

Enmarcado en la propuesta de repensar nuestra práctica, el presente trabajo tiene como objetivo reflexionar sobre “la práctica del psicólogo en el ámbito comunitario”, a partir del “Programa La Cava“, que está llevando adelante el Equipo Comunidad.

Dicho proyecto se elaboró en virtud de la demanda planteada por “Casa de Galilea”, institución que desde hace años, trabaja con los habitantes de la villa La Cava realizando diversas actividades tendientes al fortalecimiento familiar y el desarrollo humano de niños, adolescentes y adultos de la zona. Casa de Galilea, a través de sus programas y del compromiso de sus profesionales y colaboradores, se ha constituido en un lugar de referencia para el barrio, siendo más de setecientas las familias que en ella participan.

En respuesta a la mencionada demanda, se abrió, desde el mes de abril del corriente año, un espacio de consultorios para orientación y atención psicológica de los vecinos de La Cava.

Los datos consultados (2) permiten hacer una descripción del barrio y de las características generales de su población. Es una villa del partido de San Isidro, que cuenta ya con 50 años de historia, en la cual viven unas diez mil personas aproximadamente. 
Las condiciones de precariedad en cuanto a la salud, están muchas veces relacionadas con la falta de higiene y la inadecuada e insuficiente alimentación. Son frecuentes el alcoholismo, y sobre todo en los jóvenes, la adicción  a  drogas y casos de HIV+, incrementados en los últimos 5 años.
Si bien el tipo de viviendas difiere según la ubicación en la que se encuentren, la mayoría posee una cantidad insuficiente de ambientes con medidas reducidas, lo cual genera que el hacinamiento sea una constante natural para los habitantes.
Respecto de la situación laboral, muchos de los hombres están incluidos en la categoría de desocupados durante gran parte del año, siendo frecuente el trabajo infantil. Predomina la mujer como jefa de hogar, donde la figura de padre está muchas veces ausente o asociada socialmente con la representación de un alcohólico, drogodependiente o delincuente.
La conformación familiar suele estar fracturada a partir de vínculos conyugales y parentales diluidos. Es frecuente también la maternidad precoz, seguida de situaciones abandónicas; siendo muchas veces los abuelos los que asumen la responsabilidad del cuidado de los nietos y bisnietos.
En los diferentes tipos de vínculos se destaca reiteradamente la presencia de conductas o hechos de violencia, que difieren en grado y magnitud, según el caso.

Notable es el contraste que existe entre esta realidad y la del entorno socio-económico  que rodea a la villa. En relación a esto, puede recordarse que en el mes de abril fue noticia y tema de reiterados debates, la construcción de un muro entre los partidos de San Isidro y San Fernando, intentando evitar que los habitantes de “Villa Jardín” puedan cruzar hacia el barrio “La Horqueta”. 
En la zona donde se encuentra ubicada “La Cava”, en principio se podría decir que allí no existe un muro, son solamente  algunas  calles las que delimitan el barrio; sin embargo, a lo largo de todos los accesos  a  la villa, se observan  puestos  fijos  de  gendarmería  nacional; fuerza de seguridad cuya principal función se asocia comúnmente a la protección de las fronteras.
Muros, límites, fronteras… sean reales, imaginarias o simbólicas, no es posible negar su existencia. Los ricos-los pobres, los cultos-los analfabetos, los honestos-los que delinquen, los de adentro-los de afuera… quedan de un lado o del otro de aquella frontera que geográfica, social y políticamente se ha construido y que difícilmente pueda derribarse con simples golpes…

Abuso, adicción, embarazo adolescente, violencia, abandono, son solo algunas de las temáticas que se comenzaron a escuchar una y otra vez… En el marco de una misma entrevista, en el transcurso de varias entrevistas, de una generación a la siguiente… Un carácter repetitivo, que más allá de las singularidades de cada caso, parecería indicar un fondo común a todos los consultantes.
 Situaciones que por su dimensión, habitualmente se presentan en la clínica como traumáticas, aparecen aquí naturalizadas y no siempre como el principal motivo de consulta, sino como un dato autobiográfico más.

Ante este carácter repetitivo y común, resulta imposible pensar y abordar estas problemáticas de manera aislada, surgiendo inmediatamente la necesidad de ampliar la escucha e incluir las características de la comunidad, la realidad socio-cultural y las significaciones imaginarias como factores de análisis en la práctica.

Es preciso evitar todo tipo de reduccionismo, ya que tal como lo plantea el Dr. Fernández Mouján, solamente: “…sacándonos toda anteojera que acote los problemas como individuales o sectoriales con poder sobre los otros, damos primacía de esta visión comunitaria que facilitará integrar salud individual como grupal.” (3)
En la medida en que comienzan a tenerse en cuenta los múltiples factores que entran en juego en la construcción de esta realidad, las situaciones se presentan siendo “complejas”, resultando imprescindible apelar a los aportes de otras áreas del conocimiento, realizando un trabajo interdisciplinario. En relación a esto, y en virtud de las diferentes situaciones que se fueron presentando en La Cava, ha sido esencial trabajar de modo conjunto con los profesionales y personal auxiliar de Casa de Galilea.

En este contexto de complejidad, los términos “vulnerabilidad”, “riesgo” y “urgencia” adquieren un carácter preponderante, con particularidades en su forma de presentación y su posterior abordaje por tratarse de una experiencia comunitaria.

            Vulnerabilidad psíquica y social aquí se conjugan, dando lugar a aquellas condiciones de riesgo y fragilidad que inhabilitan o dificultan, en el presente o en el futuro, a los sujetos o grupos afectados, en la consecución de su bienestar, en determinados contextos socio-históricos y culturales.  
            Riesgo social, psíquico, biológico… Sujetos en riesgo, población en riesgo… ¿Dónde centrar la escucha?, ¿Dónde ubicar el punto de urgencia en esta trama?.
            Por otra parte, se sabe que toda urgencia supone una exigencia de solución inmediata de la situación o conflicto que se presenta. ¿Pero es posible encontrar respuestas inmediatas para realidades que llevan años conformándose y complejizándose como urgencias?.
Cuando junto con las urgencias de orden psicológico y/o psiquiátrico, se presentan con mucha frecuencia, situaciones de riesgo por violencia, por  necesidades  básicas  insatisfechas,
entre otras, se hace necesario precisar la escucha y establecer una escala de prioridades.
Lo que puede parecer una obviedad, no deja de ser una dificultad en la práctica, ya que en todo momento al profesional se le presentifica la pregunta sobre cual es su lugar allí, que asistencia debe brindar y a que urgencia debe responder, sabiendo que en muchos casos, es el único o el principal receptor de estas demandas.
Quizás aquí es donde queda en evidencia de un modo especial que, previamente a cualquier especialidad o adherencia a un marco teórico, el psicólogo es ante todo un agente de salud, y el bienestar mental solo un aspecto de esta; destacándose la importancia de intervenir desde una concepción integral de  las  personas, y por ende, una concepción integral de salud.
Desde esta mirada, y sabiendo que, en algunas ocasiones “La urgencia sobrepasa las posibilidades y las disposiciones existentes, tensiona y hace pensar en nuevos artificios…” (4) ; resulta preciso en muchos casos realizar intervenciones y/o indicaciones de orden más pragmático, tendientes a la atención de aquellos puntos de urgencia que se presentan, para luego sí, en la medida en que sea posible, realizar un abordaje psicológico de la conflictiva en cuestión.
Indicar derivaciones al hospital general de la zona y otros centros de atención; facilitar la comunicación con comisarías del barrio, en casos de necesidad de denuncias o de protección policial; sugerir la solicitud de aportes de Cáritas y Casa de Galilea para la provisión de ropas o alimentos; dar a conocer organismos que brindan asesoramiento o atención a problemáticas específicas (Dirección general de la mujer, Centro Provincial de Atención de Adicciones por ej.); propiciar el acceso a las escuelas cuando hay niños no escolarizados... son solo algunas de esas intervenciones que han sido necesarias en  el trabajo con vecinos  de La  Cava.
Propiciar, facilitar, sugerir, dar a conocer… aspirando, desde una perspectiva comunitaria, que cada sujeto descubra los recursos existentes en la comunidad a la cual pertenece y los recursos propios, para que de aquí en más pueda disponer de ellos como herramientas con las que cuenta para hacerle frente a las dificultades que se le presenten.

La propuesta es intentar lograr que del lugar inicial del “no puedo…”, “no tengo…” se produzca un pasaje al “puedo porque tengo…”. Este intento no es sin dificultades y resistencias, ya que se trata de una población que está acostumbrada a ubicarse en ese lugar de “no poder”; lugar de pasividad sostenido socialmente y puesto en evidencia en las tan frecuentes políticas asistencialistas. Políticas que muchas veces generan la instauración de la creencia de que son “los otros” los que pueden, aquellos que deben, casi desde la obligatoriedad, ayudar y proveer de todo lo que se necesita, quedando obturada, de este modo, la posibilidad de reconocimiento e implementación de los propios recursos.

No sin dificultades, también para los profesionales intervinientes, ya que al encontrarse permanentemente con todo tipo de necesidades, surge la tentación de quedar capturados en las carencias, ubicándose en ese lugar de los que saben, de los que sí pueden y deben dar.

Sin embargo, si se cree que “… las necesidades son carencias pero también potencialidades, en tanto recursos que movilizan a las personas” (5), se trata entonces de descubrir y revalorizar esa potencialidad y esos recursos existentes en toda comunidad, para movilizar a los sujetos hacia el cambio; intentando que puedan dejar de ser receptores pasivos de la asistencia de otros, para convertirse en actores-agentes auto-transformadores de su realidad y la de su entorno familiar y social.
Tomando en consideración lo planteado por Maritza Montero, lo mencionado consistiría en  “... una línea que centra la atención en la comunidad, en  la  organización de sus miembros y en su desarrollo, insistiendo en  la  necesidad de  la  participación de las personas, en el apoyo a sus cualidades positivas y en el fomento de sus capacidades, es decir, en el fortalecimiento de esos individuos y grupos para que logren por sí mismos transformaciones positivas que mejoren su calidad de vida y su acceso a bienes y servicios de la sociedad a la cual pertenecen.” (6)

Intentando que los sujetos se constituyan en agentes de cambio, se propicia, al mismo tiempo, un efecto multiplicador de salud, ya que cada vecino transitará por los diferentes espacios de la comunidad (familia, escuela, trabajo, clubes, etc.) promoviendo las posibilidades de cambio a partir de su propia experiencia.

En relación a esto, y a modo de ejemplo, se puede mencionar una situación que se fue presentando en el trabajo con los vecinos de la Cava. Las consultas eran realizadas por mujeres, madres, esposas, que en muchos casos, traían problemáticas referidas a sus hijos y/o parejas. Con los niños se pudo comenzar a intervenir incluyéndolos en los espacios de entrevistas. Sin embargo, con los hombres esta modalidad no pudo aplicarse, ya que no llegaban, ni era  posible hacerlos llegar a Casa de Galilea, no solo al espacio de atención psicológica sino tampoco hacia otras actividades.
Ante esta dificultad, fue necesario repensar la estrategia y comenzar a revalorizar la participación de las mujeres como posibles agentes de cambio y promotoras de salud,  aspirando a que la intervención que se estaba realizando con ellas, produzca un efecto multiplicador, capaz de llegar a los hombres del barrio.

Si el objetivo planteado en el inicio del presente trabajo era reflexionar sobre la práctica del psicólogo en el ámbito comunitario, es inevitable interrogarse sobre qué se entiende por acción comunitaria, cuál es su especificidad, qué hace que la práctica del psicólogo pueda ser comunitaria…  ¿Se trata de los objetivos de la acción?; ¿Del marco teórico desde el cual se interviene…?; ¿De las características de la población a la cual está destinada la intervención…?.
Quizás no sea casual que aún no se haya dado respuesta a estos interrogantes, ya que no siempre es posible definir o caracterizar anticipadamente una acción o intervención como comunitaria. Solamente luego de haber vivido la experiencia; de haber participado del encuentro con los diferentes actores; de haber articulado los distintos saberes; de haber alcanzado conjuntamente los objetivos… una experiencia puede llegar a definirse como comunitaria.

Sólo con el transcurso del tiempo, y en la medida en que la presencia de los profesionales se fue haciendo constante en Casa de Galilea, fue posible que el espacio de orientación y atención se instalara; logrando de este modo, que la gente comenzara a consultar espontáneamente y que, a muchos de los cuales se les había indicado una nueva entrevista, regresaran dispuestos a iniciar un tratamiento.

Luego de un tiempo de trabajo se escuchó a una vecina decir a los profesionales: “Ustedes ya son como de acá…”. Quizás esta frase permita reflejar que no es factible realizar acciones comunitarias ubicándose en el lugar de meros observadores-agentes externos. Para que se habilitara cualquier intervención posible, fue necesario pasar de ser aquellos esporádicos y extraños visitantes, a ser profesionales involucrados con la actividad de Casa de Galilea, en tanto lugar de referencia de los vecinos, y comprometidos de algún modo con las necesidades del barrio, sabiendo que “…nosotros no es un lugar al que se pertenece; es un espacio al que se ingresa para construirlo.” (7)

Un nosotros a construir… Quizás, en un contexto social, cultural, económico y político caracterizado por marcadas divisiones y antagonismos, la tarea del psicólogo desde una perspectiva comunitaria, no sea otra que la de intentar construir puentes para alcanzar un nosotros…

Puentes entre los miembros de la comunidad… Puentes entre los sujetos y sus propios recursos… Puentes entre realidades, muchas veces vistas como opuestas… Puentes entre las necesidades-potencialidades y los recursos… Puentes entre la gente del barrio y las instituciones u organismos de la zona… Puentes entre los profesionales y diversas disciplinas… Puentes entre lo individual y lo social-cultural…
Puentes, simplemente solidarios, leves puentes…

 

 Referencias Bibliográficas:

(1) Parodi, T.- González, L.: “Cuenta con mis manos siempre”, en CD Parte de mi, 1996.

(2) Página Web: www.barriolacava.org.ar

(3) Fernández Mouján, O.: “Psicología comunitaria y salud mental”; Rev. Actualidad Psicológica Nro. 364; Pág. 26

(4) Belaga, G.: “La urgencia generalizada. Una práctica en el hospital”; Grama Ediciones; Pág. 11-12.

(5) Lapalma, A.: “El escenario de la intervención comunitaria”; Rev. de Psicología de Universidad de Chile; Vol. X; Nro. 2. 2001

(6) Montero, M.: “Teoría y Práctica de la Psicología Comunitaria. La tensión entre comunidad y sociedad”. Ed. Paidós. Pág. 59

(7) Lewkowicz, I.: “Pensar sin Estado. La subjetividad en la era de la fluidez”. Ed. Paidós. 2004. Pág. 16

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