"Jornadas Centro Oro"
Repensando nuestra práctica - Noviembre de 2009
“Qué se espera de un analista”. El padecimiento en la experiencia del análisis (1)
Lic. Silvia Sigal
“Me excuso si lo que yo digo parece- lo que no lo es- audaz .Un análisis no tiene que ser llevado demasiado lejos. Cuando el analizante piensa que él es feliz por vivir, es suficiente.” Esta frase fue pronunciada por Lacan en la conferencia del 24 de Noviembre de 1975 en la Universidad de Yale.
La palabra feliz nos evoca el Freud de El malestar, texto en el que no deja de plantear su preocupación por el sufrimiento humano y recorre los distintos modos posibles de mitigar el mismo. Asevera que el ser humano lo que desea alcanzar como fin y propósito de su vida es la felicidad y mantenerla.
Pero Freud no alimenta esta ilusión y concluye que es posible un ligero bienestar como fenómeno apenas episódico. Escribe “ya nuestra constitución limita mostrar posibilidades de dicha”. Retomaremos lo de “nuestra constitución “
Freud recorre diferentes modos posibles para enfrentar, lo que él llama, “la dificultad de vivir” y mantener alejado el sufrimiento. Para ello recorre el amor, el arte, el goce de la belleza, hasta la locura y alienta a no resignar los empeños por hacer la vida más soportable y sugiere que cada quien tiene que ensayar por sí mismo la manera en que puede alcanzar “la bienaventuranza”.
Como última” técnica de vida” ubica el síntoma, como satisfacción sustitutiva, y como bálsamo frente a la angustia.
La frase de Lacan, anteriormente citada, es el corolario de un párrafo anterior. Dice Lacan: “No pienso que, realmente, pueda decirse que los neuróticos sean enfermos mentales. Los neuróticos son aquellos que son la mayor parte. Felizmente ellos no son psicóticos. Lo que se llama un síntoma neurótico es simplemente algo que les permite vivir.”Analicemos un poco este párrafo.
Jorge Palant, en el texto “La palabra feliz”, publicado en la revista Conjetural (2) , desarrolla y trabaja algunas frases de la Conferencia. Destaca que el “simplemente les permite vivir”,refiriéndose al síntoma neurótico, parecería querer reducir el valor del síntoma como patológico y marcar una advertencia: “que el analista se cuide de ubicarse frente a él (el síntoma), como a algo que debe ser extirpado de cuajo” (termina el texto de Palant).
Volviendo a la conferencia a la que nos referíamos antes ,en la frase siguiente Lacan continúa: “Ellos, (los neuróticos) viven una vida difícil y nosotros (los analistas) tratamos de aligerar su no confort”.
Lacan ubica, a diferencia de Freud, en este texto, al análisis como una “técnica de vida” que, decimos nosotros, no podría faltar en la serie construida por Freud.
“Aligerar su no confort”, “técnica de vida que le prometa (al ser humano), al menos, satisfacciones sustitutivas”. ¿No serán posiciones de ambos autores frente, no sólo a la cura, sino a lo incurable en una cura?
Introducir la experiencia del análisis en la serie que podría aliviar desdichas no puede ser sin marcar su lugar particular y único entre las prácticas de la palabra.
Este lugar, sabemos, es un lugar de exterioridad, extraterritorialidad, extranjería, de borde.
Quisiéramos tomar en cuenta la figura de la extranjeridad en la experiencia del análisis, figura que reconocemos, fundamentalmente, en la experiencia del inconsciente. Aquello, lo más propio, nos es a la vez lo más ajeno y nos ubica sorpresivamente en un lugar extraño con relación al contenido de lo dicho.
El extranjero es alguien que no habla como los demás. Se define porque habla una lengua extravagante, dice Derrida.
Si ha sido aceptado como huésped y está bajo las leyes de la hospitalidad ya no es tomado como un bárbaro, sino es alguien que tiene sus derechos y sus deberes. Él es extranjero frente a la lengua otra. Esta extranjería nos remite a la propia, ya que todos somos extranjeros respecto a la lengua.
Lo extranjero, en el otro y en nosotros mismos, remite a lo que no es asimilable. Lo inasimilable.
Ahora bien, la experiencia de la lengua se caracteriza por sentirla como nuestra, familiar. Para nada como ajena. La gente habla, y lo que dice no le es exterior. Acontecerá alguna experiencia, experiencia del inconsciente, transferencia mediante, para que acontezca que lo que era familiar de ese hablar, se vuelva extraño. Esta operación en el análisis pensamos que por un lado atañe al yo. Por otra, al sujeto. (Sabemos de la artificialidad de esta división).
En relación a lo primero, al yo, entre lo familiar y lo extraño se puede ubicar el Uno. El Uno de la unidad, del yo, que se quiebra al hacerse extranjero de sus propios dichos.
En relación al segundo punto, atañe al sujeto por lo que tiene de asimilable en términos simbólicos. El yo no se divide. Se disocia, momentáneamente, con consecuencias más o menos graves, para volver a instalarse en el duro núcleo de la servidumbre. El no quiere conocer. Pero sin saberlo dice lo que ignora.
El sujeto existe en el lapsus, sabiendo que su textura, para nada especular, se verá afectada, por disponer, a partir de esa experiencia, de algo que no disponía frente a aquello que lo determina. En ese intervalo entre dos significantes, el sujeto se verá afectado y ya no será el mismo.
El resto no asimilable atañe al trauma.
El sufrimiento es efecto de una estructura en cuyo núcleo está esto incurable.
Ese sufrimiento, a veces, pide hablar y está dirigido a alguien. En ese diálogo de la experiencia, que no es un diálogo, tampoco una confesión …,el sufrimiento se mitiga, adquiere otra cualidad o simplemente deja de ser central.
Tanto Freud como Lacan, de diferentes modos, afirman la existencia singular del sujeto como algo radicalmente inasimilable al significante. “Ya nuestra constitución limita nuestras posibilidades de dicha”, sostenía Freud en El malestar. Y en este sentido
ambos transmiten algún saber acerca de poder resistir a la captura de la fascinación que promueve lo esférico encarnado en el ideal de normalidad, salud o felicidad.
¿Cuál sería entonces el soporte de esta ética que toca, ahí, al analista?:
Que su deseo de analista se diferencie de su goce puesto que el fantasma debería quedar en suspenso,y convertirse por lo tanto en un deseo muy especial. Tanto que no sería un deseo sostenido por el fantasma. Pero el fantasma¿ no es sostén del deseo? ¿ Por qué llamarlo deseo entonces?
Charles Melman, en su seminario sobre Neurosis Obsesiva (3) trabajando el tema del goce que se libera en el espacio del consultorio del analista, entre analista y analizante dice, a modo de advertencia,: “ lo que es propuesto, a veces, como goce en la cura, entre analizante y analista, ¿que es? Es el inconsciente. Es justamente de sus manifestaciones, de sus producciones de lo que terminamos gozando” Y continúa,” … ahí se encuentra realizado lo que podemos llamar en este espacio el goce del Otro, el ‘del’ tiene que tomarse aquí en su sentido objetivo, y es este goce el que en cierto modo se propone como intermediario amboceptivo entre analizante y analista”. Y agrega, … “este goce puede, al provocar cierto efecto de fascinación, estar expuesto a ser un goce infinito”.
De este goce nos anoticiamos, a veces ,por ciertas presentaciones clínicas, que, en la enunciación de quien presenta se cuela este efecto de fascinación mutua entre analizante y analista.
Melman nos recuerda en el mismo texto, un precepto de Lacan: “trabajen en el análisis, pasen un momento agradable, claro, pero con otro fin que aquel simplemente de mantener ese momento agradable”. En el espacio analítico, a veces,también se puede quedar atrapado de querer curar lo incurable con las llamadas “ intervenciones en lo real” bajo el efecto de otra fascinación.
Luego de esta, quizás, disgresión, queremos volver a la frase enunciada por Lacan en Yale “cuando el analizante piensa que él es feliz por vivir, es suficiente”.
Cabe señalar, no sin tener en cuenta quienes son sus interlocutores, que Lacan no emplea la palabra felicidad. “Feliz por vivir”, acota el alcance que esa palabra podría tener y refiere a esa” vida difícil” que viven los neuróticos.
El pasaje que va de “una vida difícil” a “feliz por vivir”, carece de cualquier marca de todismo. Por lo contrario, como buen lector de Freud, localiza el padecimiento en un lugar central en la experiencia.
Para terminar quisiéramos leerles algunos párrafos de la entrevista que George Viereck le hiciera a Freud en su casa de verano en el Semmering, zona montañosa de los Alpes Austríacos (4) “Setenta años me han enseñado a aceptar la vida con alegre humildad”.
“No me revelo contra el orden universal. Después de todo he vivido más de setenta años. Tuve suficiente para comer, gocé de muchas cosas. La camaradería de mi mujer, mis hijos, las puestas del sol. Observé crecer las plantas en primavera. De vez en cuando disfruté de estrechar una mano amiga. Una vez o dos encontré un ser humano que casi me comprendió,¿ qué más puedo pedir?
“… Amo mis flores, y no soy infeliz, al menos no más infeliz que los otros.”
Citas Bibliográficas:
(1) Trabajo presentado en el Coloquio “Qué se espera de un analista” de letra, institución psicoanalítica. Año 2008.
(2) Jorge Palant,”La palabra feliz¨”,Bs.As. Revista Conjetural Nº23.
(3) Charles Melman,Seminario 1987-1988 y 1988-1989.La Neurosis Obsesiva. Editorial Síntesis.
(4) George Vierneck, Reportaje a Freud,Bs.As. Revista Conjetural Nº 31
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