Ciclo "Lecturas"
2010
Sobre la correspondencia entre Freud y Jones
Una conversación escrita
Celia Nusimovich
En primer lugar, quiero agradecer a Estela por la invitación, agradecerle doble, por el criterio de la invitación, algo así como que me escuchó “flechada” por la lectura de la correspondencia entre Freud y Jones.
Como en cualquier flechazo, una vez que quien está concernido se entera de que otros están enterados………y bueno, ya entran a intervenir otras cuestiones, además, una cosa es estar enamorada y otra, bien diferente, dar razones de ese amor. No sé si el enamoramiento agudo se me pasó por saber que tendría que estar hoy aquí hablando de lo que leí, o porque, esto tiene mas visos de verdad, porque leí, releí, volví a leer un poco más advertidamente, pero sí quiero “reivindicar” que sin ese “flechazo” inicial no hay, para mí, lectura posible. Aunque, por supuesto, la ceguera inherente al amor no es la mejor condición para la lectura, me parece que cualquier lectura que se precie de tal, está atravesada por esa paradoja, por la intermitencia entre la credulidad y la incredulidad.
En segundo lugar, quiero enmarcar lo que les voy a contar con dos citas que encontré y que aluden a lo que, creo, es una insistencia en la lectura que se me armó.
Una, de Ricardo Piglia dice
“La Correspondencia como género esta marcada por la interrupción, por la exigencia de continuidad, por la pausa entre una carta y otra, por la obsesión de las cartas perdidas y por la angustia del corte”.
La otra es de Juan José Saer y dice
“La escritura, en el sentido grafológico, perfectamente individualizada, lleva las marcas del cuerpo que la ha sembrado en la página. Y ese cuerpo, cuyos innumerables signos pueden seguirse en los trazos de lo escrito, se deposita poco a poco, a lo largo de los años, en la obra que es, según la vieja denominación latina, también ella, un corpus. Escribir es así una especie de traslado en que lo vivido pasa, a través del tiempo, de un cuerpo al otro”.
En tercer lugar, antes de entrar a algunos detalles de la correspondencia entre Freud y Jones, quiero hacer un breve rodeo acerca de la palabra correspondencia
Una 1º cuestión, habrá otras, es la relativa al nombre que le dí a esta charla: la correspondencia como conversación escrita. Me interesó encontrar que en los estudios literarios la “forma” epistolar, la carta, es considerada como un objeto ambiguo entre la oralidad y la escritura.
Por una parte, la forma carta se encuentra presente desde la Antigüedad en todas las culturas que tienen un sistema de escritura, tal es así que son varias las lenguas, el inglés “letter”, el francés “lettre”, el italiano “littera” que producen equivalencia entre letra y carta. En el español de España, según María Moliner, letra tuvo un uso arcaico con el valor de carta y fue sustituida en el empleo corriente por epístola, que se relaciona con comunicación, con envío de mensajes, y que es el término que usa el traductor español de la correspondencia entre Freud y Jones. En nuestro castellano rioplatense usamos más carta que epístola.
Por otra parte, la palabra “co- rrespondencia” evoca la conversación, y las “solicitudes” implícitas en ella. Es difícil que una carta no incluya, explícitamente, alguna referencia sobre la espera de respuesta, la demora en contestar, las alternativas que ha sufrido el ida y vuelta del mensaje, según los términos de la teoría de la comunicación, y la carta, según la teoría literaria tiene como función privilegiada la comunicación. Hasta aquí, la teoría literaria.
De acuerdo a los términos del psicoanálisis, podemos decir que “en tanto en la carta, (en la carta privada a la que me estoy refiriendo todo el tiempo), “en tanto en la carta no se puede no decir yo” esto sitúa a la “forma” carta como lugar por excelencia de la 1º persona y, por eso mismo, hay dirección al otro y entonces, entra en juego necesariamente la demanda, y su consecuencia, el lazo transferencial.
Este estatuto ambiguo de la ”forma” carta, entre el hablar y el escribir, encuentra sus polarizadores fervientes en el campo de los estudios literarios. Citar a Cicerón sirve a unos y otros oponentes. Cicerón escribe:”Me parece oírte cada vez que te leo y hablar contigo cada vez que te escribo” o sea coloca a la carta en el campo de la conversación, pero, también, en otra cita, dice Cicerón:”Para esta carta usaré una buena pluma, tinta bien mezclada, y también papel pulido y suavizado con colmillo de elefante” y aquí se trata exclusivamente de la materialidad de la escritura.
Quienes sostienen el costado de escrito de la carta también apelan en su argumentación a la réplica de Demetrio a Artemón: Dice Demetrio: “Artemón, que editó las cartas de Aristóteles, dice que las cartas y los diálogos deben escribirse del mismo modo, ya que una carta es como un lado de un dialogo. Algo de razón lleva pero no es todo. Una carta debería escribirse con bastante mas cuidado que un dialogo. Un dialogo imita una conversación improvisada mientras que una carta es un ejercicio de escritura y se envía a alguien como una suerte de regalo”
Así Freud le escribe a Jones (carta 189 – mayo 1914) “Deseo vivamente poder charlar con Ud unas horas. Escribir cartas es un mal sustituto”. Pero también le escribe: (carta 615 julio 1933) “Es un alivio poder charlar con Ud en estos tiempos tan terribles”
Pero a la ambigüedad entre lo oral y lo escrito que la correspondencia sostiene se agrega otra cuestión, otro rasgo, ligado a lo anterior, que destaca al género epistolar según la teoría literaria y que interesa también al psicoanálisis: la puesta en escena, el cuidado de la figurabilidad, del cuerpo, de la letra. Aquí una referencia posible es el historial de Dora. Freud articula la afonía de Dora con las cartas escritas al Sr. K, y describe la correspondencia como relación con el ausente, simulacro de la presencia podríamos decir, ambigüedad esta vez, entre presencia y ausencia.
Esta segunda ambigüedad entre presencia y ausencia guarda relación con otros rasgos distintivos de la “forma” carta. Se trata siempre, dicen en la teoría literaria, de una comunicación escrita diferida en el tiempo y entre espacios diferentes. Sin embargo no es tan sencilla la distribución espacio-temporal entre uno que escribe y otro que lee. Justamente, es en relación a esos rasgos que la correspondencia permite interrogar algunos supuestos de la teoría de la comunicación. Efectivamente, el que escribe, en algunas ocasiones privilegiadas, recibe los efectos de su enunciación, ¿”se” oye podríamos decir?, pero eso, cuando ocurre, es posible porque no sólo escribe, también “se” lee, lee efectos que pueden o no traducirse en el texto de la carta. Y a su vez, el destinatario, el que lee, en algunas ocasiones privilegiadas en que el apelativo lo conmina o lo interpela, ¿acaso no oye, acaso no responde, no necesariamente por escrito?
Un tercer rasgo del género co-rrespondencia que encuentro que interesa al psicoanálisis es el carácter de objeto, y de objeto que circula en un circuito a la vez público y privado. “En su origen la carta es un objeto único y sin copia…solo puede ser serializada al desprenderla de su contexto vivo y su soporte, al ser publicada”. Cuando eso ocurre “El editor se constituye en guía y facilitador de la lectura: llena vacíos (identifica nombres, lugares, obras), añade datos históricos, aclara palabras. La publicación transforma la grafía, el manuscrito es depurado de sus tachaduras,( ……)De este modo la labor editorial funciona como la fuerza unificadora de unas hojas sueltas. Entrama, domestica esa obstinada fragmentariedad que caracteriza al género”. Esto, no para añorar alguna supuesta transparencia original que la edición traicionaría, sino para subrayar la experiencia de la discontinuidad, del corte, a la que se prestan quienes sostienen una co-rrespondencia.
Con estas resonancias de la palabra “co-rrespondencia”, ahora, acercándome un poco más al “asunto”, pero todavía antes de entrar a los pocos detalles de la correspondencia entre Jones y Freud a que me referiré, quiero comentar brevemente una cuestión en relación a la edición que la hace llegar en castellano.
Es relativa a la “Introducción”, a cargo de Riccardo Steiner, creo que un historiador del psicoanálisis, que ofrece una primera lectura de la correspondencia entre Freud y Jones. En forma muy amena traza un agudo y exhaustivo panorama de la complejidad en juego en esas cartas subrayando el telón de fondo sobre el que se desarrolla. Hay una imagen que el autor nos acerca, asociada a los tramos donde los corresponsales hacen mención de los lugares donde pasaban sus vacaciones, imagen sobre la que me quiero detener. Dice así: “Es como si nos encontráramos pasando las viejas páginas de un viejo álbum de fotos borrosas o siguiendo el ritmo tembloroso de una película” . Me parece que es una elocuente imagen para un modo de situar la historia, con la fotografía, con el cine embalsamando el tiempo. Encuentro que es una forma de situar la historia, en este caso particular, la historia del psicoanálisis, como algo que se despliega según el tiempo lineal, cronológico. Freud, Jones, podemos agregar a Lacan, ya pasaron…
Pero si la repetición es la operación por cual la temporalidad se rige por el retorno, la imagen que en la lectura de estas cartas a mí se me impuso es la de Jones en el momento de recibir una carta de Freud, con la alegría, con la curiosidad, con el orgullo, que tenía de sobra, por recibirla y, ya abierto el sobre, topándose con la escritura gótica de Freud, ilegible para él.
Prefiero entonces situar la correspondencia de Freud como una forma de lazo que se ha vuelto anacrónico y que, desde ese lugar extemporáneo, disruptivo, si el azar es propicio, nos despierta a los analistas interrogando las maneras de nuestras prácticas discursivas.
Y ahora sí, voy a referirme a algunos pocos detalles que me interesa destacar.
Una 1º cuestión, una suerte de conjetura, con la que quiero arrancar, es que la correspondencia de Freud con Jones, con Jung, con Abraham, con Ferenczi, con Pfister mima y “elabora”, repite, lo que conocemos en términos de Octave Mannoni como el “análisis original”, la correspondencia entre Fliess y Freud en la que los Congresos ya estaban presentes, eran el nombre dado a los encuentros. Por supuesto que la posición de Freud es otra que la que tuvo con Fliess, además, es un trabajo por hacer, seguramente si cotejáramos las cartas con cada uno de los corresponsales confirmaríamos que, con cada uno, la posición de Freud es otra,.pero lo que yo quiero subrayar como hilo que se recorre desde el análisis original es que leer y escribir el psicoanálisis son cauces que la transferencia abre, pero, en particular leer y escribir en el “formato” de una correspondencia, de una conversación escrita, explicita, si puedo decir, ilumina, lo que está presente en algunas ocasiones privilegiadas, aunque azarosas, de manifestación de la transferencia en la transmisión del psicoanálisis, ese lazo circular pero nunca recíproco que es función de la palabra ir anudando y del que el psicoanálisis hace su instrumento. Creo que la correspondencia de Freud pone en acto una política de transmisión, un estilo que no fue ajeno a la transferencia que logró suscitar. En esa “historia transversal” del psicoanálisis, según De Certeau, que la acción analítica freudiana inaugura con la práctica de la correspondencia entre analistas, se arma una puesta en abismo que nos coloca, que nos mete en la escena de la historia del movimiento psicoanalítico a quienes leemos y escribimos psicoanálisis aunque escribir cartas sea una costumbre caída en desuso.
Quiero entonces destacar, no el costado de documento histórico que por supuesto la correspondencia tiene y del que hay, además, abundante material en la bibliografía, desde la Biografía de Freud por Jones, los textos de Theodor Reik, los de Mannoni, por citar apenas. Me interesa el costado de práctica discursiva, de conversación escrita y su lugar en la transmisión del psicoanálisis.
La correspondencia entre Freud y Jones, la más extensa aunque seguramente no la más intensa, pienso en comparación con la correspondencia con Jung, o con Ferenczi, la más extensa en el tiempo entonces, abarca 671 cartas (y 861 páginas de la edición en español) entre 1908 y 1939.
Cuando se conocen, en el 1º congreso celebrado en Salzburgo Freud tiene 52 años y Jones 29 años.
Son reiterados los modos en que Freud lo insta, le dá máquina a lo que, en sus palabras, las de Freud es la “ávida actividad” de Jones: también son citas textuales de Freud: “me gusta la frecuencia de sus cartas” o “escríbame”, o, “déme cuenta de sus actividades”, o “Tengo que darle las gracias por un montón de artículos y dos cartas llenas de asuntos de gran interés. Pero antes, deje que le exprese una vez mas mi convicción de que Ud es el ayudante más hábil, poderoso y dedicado que el psicoanálisis hubiera podido encontrar en el Nuevo Mundo”. O, “Espero impaciente a que Brill publique alguno de mis escritos en traducción…y si existe algún interés científico independiente del deseo de ganar dinero de sus compatriotas Ud le sacará partido a la reacción que surja una vez que pase la oleada de resistencia” o,”El trabajo que tiene es mas que suficiente para un solo hombre, pero su capacidad de trabajo es inmensa y tiene que canalizarse hacia las necesidades mas urgentes.” O, “…….agradezco mucho las cartas que, como las suyas, contienen tanta información y buenas perspectivas. Tenemos que esperar mucho, muchísimo de su celo y energía, y espero ser capaz de poder darle algo a cambio. Sus principios acerca de la selección de los miembros parecen correctos. En ningún caso podría darle un consejo mejor que el suyo propio”. O, (Carta 492 nov 1926 en alemán caracteres latinos) “¿De modo que ya hace 20 años que Ud y yo nos unimos a la causa? Ud ha hecho la causa verdaderamente suya, pues ha logrado hacer todo cuanto podía esperarse de ello: una sociedad, una revista y un instituto. A los historiadores les queda por determinar lo que Ud ha significado para la causa. Ciertamente espero que aún pueda lograr más cosas, una vez que las actividades que aún ha de atender queden aliviadas por una rutina tranquila…… “
Pero también es reiterado el hecho de que, al tiempo que le dá máquina, Freud no le ahorra frecuentes críticas. Así, por ejemplo, le escribe: “Con respecto a su diplomacia, se que Ud está excelentemente preparado para ello y que lo hará magistralmente. Pero me temo que es fácil hacerlo en demasía” (carta 9 – febrero 1909) o críticas también, a la minuciosidad con que Jones trata de controlar las traducciones y ediciones y que a Freud lo impacientan al punto de enrostrarle la “rigidez china” que imprime a su tarea. (carta 320 julio-1921) O, (carta 356 pag 547) cito:”Ahora mismo me está hartando este asunto de la traducción. Me conmovió enormemente que Ud dijera que sacar mis libros en inglés es una de las tareas prioritarias de su trabajo, y espero que vea esto a la luz de una amable exageración producida por un súbito impulso, pues es seguro que su importante trabajo apunta mucho más alto y pierde de vista mis limitados intereses personales. Todavía aprecio sus palabras como expresión de su inquebrantable amabilidad para conmigo, que como sabe siempre intento corresponder” y también le escribe:“Cuanto más abierto estoy y con más ganas de hacer cualquier cosa para mantener excelentes relaciones entre nosotros, más difícil me lo pone Ud“ (carta 592, junio 1932)
Jones pone letra, desde el inicio a la organización de la Vereinigung, iniciativas, aunque no exclusivas, de Jones son el 1º Congreso de Salzburgo, en 1908, la creación de un comité “estrictamente secreto” en 1912, en pleno conflicto con Steckel, Adler y Jung, respecto del cual le escribe a Freud (en Carta 191- mayo 1914) “…ya hace mucho que es mi deseo formar un anillo a su alrededor de hombres que se encarguen de la oposición mientras que Ud progresa con el trabajo en sí mismo, y las perspectivas para que tal situación pueda darse son muy prometedoras”, también son aplaudidas por Jones las circulares entre los miembros del comité, respecto de las cuales no obstante se queja de “la desventaja de la excelente institución de la Rundbrief es que sustituye la correspondencia exclusiva”. Es iniciativa de Jones que las Asociaciones lleven el nombre del país, no de la ciudad tal como venían siendo nominadas, también la propuesta de la creación de una Comisión Internacional para regular las cuestiones de formación y de edición y, cuestión no menos importante, la minuciosidad y el celo con que va siguiendo la traducción y la publicación de cuanto escriben Freud y Ferenczi, Abraham y Rank y, por supuesto, él mismo.
Desde “el “empresario” más astuto y exitoso a nivel institucional” al “tampoco diría que emerge únicamente como un ejecutivo y burócrata astuto como frecuentemente se tiende a verle” con que el lector que es Riccardo Steiner se refiere a Jones en la “Introducción” de la Correspondencia, a una frase de O Mannoni relativa a las controversias en relación al análisis profano, dice O. Mannoni: “Jones se vio obligado como presidente a callar sus convicciones como analista”, me parece que la Correspondencia entre Freud y Jones es un lugar privilegiado para localizar el conflicto, irresoluble y tal vez por eso mismo fecundo, entre institución y transmisión.
El cauce de la correspondencia, por momentos navegable, por momentos interrumpido, con saltos y turbulencias que tramitan desde las suspicacias, malosentendidos, susceptibilidades, a las diferencias de criterio en las cuestiones relativas al funcionamiento de las sociedades, a la renovación de las comisiones, a la distribución de los cargos y jerarquías y honores y honorarios, al control de las publicaciones y las traducciones, a la financiación de los proyectos editoriales, a circunstancias históricas, nada menos que la 1º y la 2º guerra, que irrumpen y afectan al movimiento, respecto de las cuales Freud concluye apretadamente, en el final de una carta (211 julio 1915): “La restricción de nuestras relaciones amistosas también se cuenta entre las severas privaciones de estos tiempos”
Diferentes y múltiples atolladeros que el cauce de la Correspondencia transita y en relación a los cuales las metáforas que ambos utilizan, “oleadas de resistencia”, “mareas favorables” y “mareas desfavorables”, hablan tanto de los obstáculos que el discurso del psicoanálisis encuentra para hacerse un lugar, como del océano, en sentido literal y también figurado, que separa al estilo de cada uno.
Quiero recortar lo que es apenas una anécdota que, me parece, tiene múltiples resonancias relativas al estilo, a los rasgos de carácter de cada uno. En octubre de 1920 Freud encabeza una carta (carta 288) así:
“De modo que se ha convertido en padre casi a la vez que en presidente….”
En marzo de 1922, en ocasión del nacimiento de su 2º hijo, esta vez un varón, Jones le escribe:”…la reflexión sobre el asunto de los nombres me ha llevado a una conclusión que puede darles algún problema a mis amigos, pero que creo que adoptaré a menos que Ud proteste con rapidez. Se trata de ampliar mi propio nombre a Ernest Beddow-Jones, insertando el heredado por mi padre de su madre .(desde el punto de vista analítico es, a la vez, una afirmación y un repudio de él). Me parece un poco injusto exponer a los hijos de uno a la pesada tarea de distinguirse progresivamente del otro medio millón de personas llamado Jones, (ahora hay incluso tres psicoanalistas llamados Ernest Jones). Algunos apellidos como Jones y Smith ya han perdido la primeraº función de un apellido, la de distinguir de otra gente, y por ello es muy común aquí tomar la medida que me propongo tomar”
A lo que Freud, en carta siguiente le responde: “…Ahora, por lo que respecta al cambio o ampliación de su nombre, me siento totalmente incompetente para hacer cualquier juicio sobre tal cuestión. Solo sé que Ud seguirá siendo para nosotros el Dr Ernest Jones. No sé que efecto podrá tener con los extraños. Quizá es similar a que yo hubiese intentado evitar la ambigüedad del término “sexual” empleando una palabra nueva en su lugar como “hieroafrodítico”. Cada lector se hubiera preguntado: bueno, y que demonios quiere decir con esa nueva combinación griega, nunca lo he oído; oh, quiere decir algo como sexual, ya entiendo. De modo que la gente se preguntará:¿Quién es ese Beddow-Jones? es muy posible que no lo confunda con el otro medio millón de Jones, pero no se nada de él. Oh, es el autor de los artículos sobre psicoanálisis y el presidente de la Asociación psicoanalítica Internacional. Ahora ya se, es una pena que no se presentara con este nombre desde un principio. Ahora puede que ya no lo necesite”.
Hasta aquí, traté, a gruesas pinceladas, de enfatizar el lugar que, desde la correspondencia, es posible localizar para uno y otro en relación a la puesta en marcha y a la dirección que va tomando el movimiento psicoanalítico.
Ahora, antes de concluir, quiero situar un detalle que me parece que, aparentemente insignificante, puede cobrar relieve según el modo de leerlo.
Voy a entrar en la cuestión en la que me detuve especialmente leyendo dos líneas de una carta que Freud le escribe a Jones.(Carta 90) en setiembre de 1912 y que empieza así:
Mi querido Jones: No es que un súbito ataque de vejez haga que mi mano tiemble. Le escribo en el tren que me lleva de Viena a Italia, y mi mano va como la aguja de un sismógrafo.
Las cartas de Jones están en inglés, Freud escribe a veces en inglés, a veces en alemán con caracteres latinos y a veces, en alemán con caracteres góticos que es el que le sale espontáneamente, incluso hay cartas que comienzan en gótico en el primer renglón y prosiguen en la letra legible para Jones. Pero, a su vez, también en las cartas de Jones son frecuentes las palabras y expresiones en alemán y en las cartas en alemán de Freud, y también con frecuencia, hay palabras y expresiones idiomáticas en inglés.
A partir de 1913 Jones escribe a máquina de vez en cuando y, después de 1920 con mucha mayor frecuencia, Freud lo hace a fines de 1923 y muy de tanto en tanto.
Pero vamos a empezar por el principio, por la primera carta que figura en la Correspondencia y que Jones le dirige a Freud luego del 1º congreso de Salzburgo, donde se ven por 1º vez , después de lo cual, Jones y Brill visitan a Freud en Viena y participan de las reuniones de los miércoles.
Entonces, el primer párrafo de la 1º carta de Junio de 1908
Querido profesor Freud: He de empezar agradeciéndole de nuevo la gran satisfacción que me produjo su amable recepción en Viena. Me refiero solo al plano personal, puesto que únicamente con trabajo, y no con palabras, puede agradecerse mi deuda de gratitud hacia Ud. en su condición pública de escritor.
Quiero situar, desde el vamos, aún cuando este primer párrafo suene muy formal, cómo el lazo que establece Jones con Freud está sostenido por la escritura de Freud, por “su condición pública de escritor” para usar sus palabras, desde ahí creo que se puede seguir un hilo, no el único seguramente, pero sí un hilo fuerte para situar la posición de Jones: desde el agradecer explícitamente casi cada carta que Freud le escribe, desde considerar “mana en el desierto” la aparición de un nuevo texto de Freud, desde (Carta 423, abril 1924) “……En los últimos años he revisado personalmente cada palabra de la traducción de cinco de sus libros y esa oportunidad me ha llenado de satisfacción. Como sabe hace mucho que ansío ver al menos parte de su obra de manera digna en inglés y he acariciado la esperanza de que en el futuro fuese posible llegar a algún acuerdo mediante el cual pudieran publicarse nuevas traducciones de otros libros (Traumdeutung, etc) ” hasta, donde me voy a detener, el efecto de la escritura gótica de Freud.
Tres meses después de esa 1º carta Jones le escribe pidiéndole la dirección de Steckel para un amigo que tiene intención de traducirlo y, de paso, agrega: “Por cierto, ¿cree que la nueva edición de la Traumdeutung (que esperamos con impaciencia) podría ser traducida o es demasiado coloquial el alemán?. Naturalmente, tarde o temprano, habrá que traducirla”.
Freud le contesta, en una primera carta que le dirige y que falta en la edición, en alemán gótico, a lo que Jones responde: “Muchas gracias por su amable carta. Me averguenza tener que decir que me llevó dos semanas traducirla por completo, pues no estoy familiarizado con los caracteres del alemán antiguo”. Luego se despacha largo contra, cito, el “estilo de Steckel, … y agrega ”si pudiera escribir en alemán me hubiera gustado escribir un librito para su serie “Satisfacción de deseo en el juego infantil”. Supongo que no publica nada en inglés, no?....”
A lo que Freud le contesta, y esta es la 1º carta de Freud que figura en la edición:
Mi querido Dr. Jones: Dado que me pide que no use caracteres germánicos, (y fíjense cómo nombran el gótico cada uno) tal vez sea mejor que intente escribirle en inglés. Ud será responsable de mis errores
A continuación, lo insta para que escriba para la serie “Satisfacción de deseos en el juego infantil” y se compromete a hacerlo traducir o traducirlo él mismo
Al año siguiente, y posteriormente a la visita de Freud, Ferenczi y Jung a la Clack University (La carta 20 F 31 oct 1909) hay una carta de Freud escrita en gótico que dice: Querido Jones: Su carta me ha causado gran satisfacción (estoy demasiado atareado para escribir en inglés pero trataré de ser claro). En efecto, me dí cuenta de sus inhibiciones y creo que fueron la razón por la que realmente no estaba Ud a favor de mi viaje a América. Temía Ud que frustrase sus planes y ahora admite que el viaje sirvió para promover la causa. Tiene Ud una necesidad particular de planes complicados en lugar de tomar un camino directo,……..”
Y después de otras, varias cuestiones, concluye escribiendo: “Su ávida actividad promete lo mejor”
Viene entonces la respuesta de Jones (Carta 22 18-12-1909).
Querido profesor Freud: me he retrasado en contestar sus cartas por una razón particular, cuyo origen está en mi deficiente educación. Leo alemán bastante bien, y no necesitaría molestarle pidiéndole que escriba en inglés, pero soy incapaz de leer los caracteres de la escritura caligráfica del alemán antiguo. Después de varios intentos me acordé de un amigo alemán de Montreal, quien hizo que me los mecanografiaran, y tras recibirlos ayer me apresuro a contestar”
Es una de las cartas mas largas de la Correspondencia, Jones va y viene reconociendo sus dificultades “mis resistencias arrancan, no de algún tipo de objeción a sus teorías, sino, en parte, de un egoísmo envidioso y absurdo, y en parte, de la influencia de un fuerte “complejo del padre”…y concluye pidiendo disculpas por “la longitud inapropiada de esta epístola” que justifica porque “había muchas cosas que le quería contar”, entre ellas no tiene un lugar menor, aunque sea apenas una pregunta incluida apretadamente entre largas parrafadas “¿Quiere Ud que traduzca las lecciones de la Clark o lo están haciendo en Worcester”?
Me interesa destacar cómo desde la 1º carta de Freud que figura en la edición, la cuestión del gótico va anudada con la demanda de Jones de hacerse cargo de la traducción de los textos de Freud.
Jones lamenta reiteradamente no manejar un alemán fluido; durante su análisis con Ferenczi, en su estadía en Budapest, toma clases de alemán; por otra parte no ceja hasta encontrar una esposa cuya lengua materna es el alemán y que, en 1930, publica un libro Gesprächbuch für Psychoanalytiker (Conversaciones para psicoanalistas) respecto del cual Jones le escribe, cito: “que debería ser útil para ampliar la comunicación entre los psicoanalistas de habla alemana y los ingleses” ( Carta 566 nov 1930)
En respuesta a una donde, en el primer párrafo, Freud se disculpa por las tres semanas que no le ha escrito porque, cito “la idea de escribir una carta en ingles ha sido pospuesta mientras el tiempo pasaba incesantemente” (carta 77 mayo 1912) Jones le contesta: “siempre me encuentro dividido en mi actitud hacia sus cartas, entre, por un lado, el pensamiento de que no es justo esperarlas y, por el otro, el intenso placer y estímulo cuando las recibo”
Como si el gótico fuera una señal luminosa que se enciende cada tanto en la correspondencia para alertar a ambos corresponsales sobre la resistencia de la lengua del otro, o también, dicho de otro modo, como si el gótico irrumpiera para recordar la extrañeza siempre atisbando el curso de una co-rrespondencia.
En julio de 1913, (Carta 129) a partir del análisis con Ferenczi y las clases de alemán que Jones toma en Budapest) Freud le escribe:
Mi querido Jones: Ahora querría aprovecharme de sus progresos en alemán y dejar de escribirle en mi pobre inglés a lo que Jones contesta: “Querido profesor Freud: (Carta 131) Siento mucho tener que decirle que mis progresos con el alemán no incluyen la caligrafía, que tiene poco que ver con el saber sino con la experiencia de los años, especialmente los de la juventud. Solo pude leer cuatro palabras de su carta. Quizá con el tiempo mejore, pero probablemente siempre tendría que mostrar sus cartas a alguien, lo que haría que no pudiera Ud escribir libremente en privado. Me encanta su inglés, que a menudo tiene un aire clásico, del Viejo Mundo, pero debe ser mas complicado de escribir para Ud que en alemán, lo que probablemente hace que sus cartas sean mas cortas. De cualquiera de las maneras, pierdo algo, pero parece inevitable”
Y entonces viene el humor de Freud (Carta 132)
Mi querido Jones: Siento seguir maltratando su bello inglés debido a que continúa Ud con la alexia gótica a pesar de haber abandonado la afasia motriz y sensitiva.
Humor que se sostiene en otra carta del mes siguiente: (Carta 140 agosto 1913)
Mi querido Jones: Su artículo es excelente, impecablemente claro, inteligente y justo. (el artículo es una crítica a Jung para quien Freud había reclamado:”ninguna clemencia” ) Siento algo de resistencia a escribirle en inglés después de leer su alemán. Tendría que aprender también escritura gótica.
En noviembre de 1926, en ocasión de explicitar que llevan 20 años trabajando para “la causa” y en una carta en alemán con caracteres latinos Freud le dice:
Le sorprenderá descubrir la razón de porque mi correspondencia con Ud se ve dificultada. Es un ejemplo clásico de las pequeñas restricciones a las que está sujeta nuestra naturaleza. Encuentro muy difícil escribir alemán con grafía latina, como estoy haciendo hoy. Toda mi facilidad – la inspiración queda reservada para cuestiones mas importantes – me abandona. Pero Ud me ha dicho con frecuencia que no puede leer la escritura gótica, con lo cual solo me quedan dos medios de comunicación, los cuales interfieren con la intimidad de uno: bien dictarle la carta a Anna a la máquina de escribir o usar mi inglés torpe”
A lo que Jones contesta (Carta 493 22-12-1926) CON SU DIPLOMACIA HABITUAL
“Cuando le conté mi dificultad de leer gótico ¿no le dije que había una excepción, a saber la de su propia caligrafía?. Con ello no quiero decir que me resulta fácil, pero me es posible. Quizá mi omisión sea debida a mi gusto por su inglés, que es muy atractivo”
Entonces quiero, para finalizar, plantear que para Jones, “el experto en mi obra” como lo llama irónicamente Freud en una carta, el fiel discípulo y el más consagrado y minucioso traductor de Freud, para Jones el gótico testimonia lo que resta, en lo escrito, como no traducido. Pero si la letra gótica de Freud tuvo para Jones la función de lo no traducido, entonces casi podría decir, que funcionó como lo que llamamos el deseo de Freud.
Viernes 6 de Agosto de 2010
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